viernes, 21 de junio de 2013

Aunque nunca hicimos las cosas bien, siempre las hicimos a nuestra manera.




Eras la típica chica que me decía que le encantaba la música en las películas, que hace que las emociones se sientan aún mucho más fuertes. Yo siempre te decía –con mi tono alterado y susceptible, como si el mundo estuviese siempre en mi contra, que creo que lo está después de hacer que tuviese que aguantarme a mí mismo- que la música en las películas es una jodida mierda, que la ponen como una señal de tráfico para saber lo que tienes que sentir, y yo sé cómo sentirme en cada momento sin que me lo diga una jodida melodía. Y todo esto lo discutíamos mientras tú te duchabas y yo me sentaba en la taza del váter a leer y a mear, sí, a mear, la desilusión me pasaba bastante durante el día como para tener que mear de pie. Y tú te tumbabas en la ducha, te dabas jabón por los brazos y me decías que dejase de leer tanto, que me estaba volviendo un paranoico leyendo tantos libros de los mejores escritores de la historia, que todos ellos estaban sobrevalorados. Y es que es normal que dijeses eso, tú siempre has odiado a los escritores, nunca entendiste que narices se creían para ir por ahí poniéndole nombre a los sentimientos como un médico pone nombre a una enfermedad. Y es que siempre nos entendimos bien, los dos odiábamos querer a otra persona que no fuésemos nosotros, y es que de pequeños –e incluso ahora- nos masturbábamos mirándonos al espejo. Quizá por eso encajamos tan bien, es como si estuviésemos condenados a estar juntos por el simple hecho de no querer enamorarse, y es jodido, porque aunque no lo creas alguna vez que otra he tenido un amago de abrazarte después de discutir.

Y esa de la música era la discusión que teníamos después de cada película, y es que nosotros no veíamos las películas abrazados como hacen todas esas parejas llenas de amor. A mí es que cuando me hablan de amor me entra la risa y me imagino a todas las personas del mundo fingiendo ser felices, y yo estaba con Ella –siempre le llamaba Ella cuando hablaba de ella a mis amigos, no le decía “mi pareja”, así que imaginaros como llamaba al resto de la gente- porque los dos odiábamos las parejas, aunque siempre estábamos discutiendo, pero sin echar un polvo después ni abrazarnos; cada uno se iba a un estanco diferente y ya nos veíamos en casa cuando nos apeteciese volver. Y no nos hagamos los tontos, sino echábamos polvos entre nosotros era evidente que los echábamos en los “estancos”. Yo al menos siempre he intentado follar con chicas más jóvenes que yo, y el por qué es sencillo: la gente joven tiene siempre la esperanza de volar, cuando te haces viejo te das cuenta de que eso es imposible, y por eso intento follar con mujeres más jóvenes que yo, para que me hagan volar. No me preguntéis entonces que hacía estando con ella, ni yo lo sé, quizá es que me ponía mucho cuando ella se duchaba y yo meaba y a todas mis quejas ella me ponía morritos como si con ella no fuese el asunto y se burlase de mí. Era una hija de puta la verdad, pero es que a mí me cae bien la gente que es como yo, aunque yo me odie a mí mismo y a todos los que me imitan, aunque hasta yo me imito a mí mismo en los días que no soy yo. Pero a ella la admiraba, tenía el arte de decir siempre lo mismo sin que pareciese que dijese lo mismo, y podría escribir medio libro sobre las maneras que tenía de mandarme a la mierda cuando le decía que me contestase o tiraba de la cadena para que le saliese el agua fría. También discutíamos sobre política, sobre la mierda de sociedad que hay hoy en día. Ella era bastante de derechas, y aunque yo odiaba a la gente de derechas tenía su punto morboso discutir con ella sobre ideologías porque se ponía muy histérica, se crecía, hacía un discurso perfecto y me follaba con palabras. Y es que la vida se iba llenando de vacíos mientras yo estaba allí sentado con los pantalones por los tobillos, y aunque no estuviese enamorado, mirarla a ella dándose jabón y hablando hacía que se llenasen los espacios que iban creciendo. También hablábamos de cicatrices. Solo las cicatrices tienen interés, a la gente le gustan los dramas y las películas de amor y al final acaban aborreciéndolas y pasan a  no ser interesantes, tantos finales bonitos… a mí que no me engañen, los finales son finales, y todo lo que se termina siempre es una mierda, así que mejor ver películas que muestren las cicatrices ya hechas, pero sin música de fondo. Aunque no follásemos te pedía que te desnudases para mí, que de palabras no se puede vivir toda la vida con una persona. Necesitaba verte sin esa camisa de los domingos. Eso sí, yo nunca te tocaba, simplemente te miraba como un visitante que mira un museo, mirando la obra de arte pero sin poder tocarla.


Y ahora te has ido, no sé si a algún estanco con mejores ofertas que esté a cien kilómetros de la ciudad, o es que te he roto en demasiados pedazos con mis discursos y siendo insoportable. Antes cuando estaba contigo y nos pasaba algo dramático o importante deseaba ir corriendo a escribirlo. Ahora dejaría de escribir con tal de que nos pasara algo. Lo que más me jode es que no vaya a volver a pasar nada. Pero bueno, las cicatrices son más interesantes que un amor de película, y aunque nunca hicimos las cosas bien, siempre las hicimos a nuestra manera. 

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